jueves, 13 de febrero de 2014




JASON McELWAIN

Desde muy pequeño mostró una gran pasión por el deporte así que entro al instituto de los Trojans, a partir de ese momento, y durante tres años, J-Mac, que es como lo conocen sus compañeros, acudió puntual como un reloj a todos los entrenamientos y partidos.

Controlaba las estadísticas, repartía agua, animaba a los jugadores, pero jamás jugaba. ¿Los motivos? Su baja estatura... y que Jason es autista. No comenzó a hablar hasta que cumplió los 5 años y aún hoy en día tiene dificultades para comunicarse, no interpreta el lenguaje corporal y carece de las llamadas habilidades sociales. A pesar de eso, la vida de Jason era muy similar a la de cualquier otro joven de su edad. Pero todo cambió cuando los Trojans disputaron el último partido de la temporada regular ante el Spencerport. Ese día el entrenador Johnson, como premio al arduo trabajo que había venido realizando durante tanto tiempo, quiso premiarle haciéndole jugar. Empezó en el banquillo, pero a falta de 4 minutos para el final del encuentro, y con una ventaja de 20 puntos a su favor, llegó el momento tan esperado. Enfundado en la camiseta número 52 y con una cinta al pelo, Jason entró a la cancha ante los aplausos de una grada entregada y llena hasta los topes. Que no daba crédito del gran crédito.

A los pocos segundos de debutar, recibió un balón y se jugó un triple que no tocó ni aro. En el siguiente ataque sus compañeros volvieron a asistirle y Jason hizo un tiro cercano a canasta... que tampoco entró. Era lo normal teniendo en cuenta las circunstancias que rodeaban al partido, así que a nadie extrañaron los fallos.

En la tercera posesión que tenían, recibió el balón y se jugó otro triple desde 7 metros, pero esta vez entró. El sueño se había tornado en realidad y la grada estalló en una ovación atronadora para felicitarle por lo que acababa de hacer. Lo que en ese momento nadie sabía era que la exhibición de Jason acababa de comenzar. En la siguiente jugada, volvió a jugarse otro triple... que volvió a anotar. A continuación, y casi sin tiempo para asimilar lo que acaba de suceder, J-Mac volvió a lanzar a canasta y la volvió a clavar. Ya iban 3 triples en menos de un minuto. La gente alucinaba, la grada coreaba su nombre, sus compañeros de equipos no daban crédito a lo que estaban contemplando. Cuando quedaban menos de 2 minutos para la finalización del encuentro, Jason volvió a recibir un balón en ataque y, cómo no, se la volvió a jugar y volvió a anotar. Lo mismo sucedió en la siguiente jugada. Y en la siguiente, aunque esta vez la canasta fue de 2 puntos. Jason no tuvo compasión con el rival, que vio cómo anotó su sexto triple sobre la bocina que marcaba el fin del encuentro. En apenas 4 minutos había anotado 20 puntos, el récord en la historia del instituto. Al acabar el partido, la grada saltó a la pista para felicitar al héroe del día, que salió del campo a hombros.

Desde entonces ha acudido al programa de Oprah Winfrey, ha conocido a George Bush, a Magic Johnson, ha recibido el premio que la ESPN concede al mejor momento deportivo del año, ha hecho el lanzamiento de honor en un partido de béisbol, etc. son tantos los reconocimientos que no acabaría nunca. Una gran historia de lucha que debe servir como inspiración.


1 comentario:

  1. Este es un ejemplo de creer en sí mismo, en todo sector se puede analizar esta historia, pues cuando eres el primero en creer en tí mismo lograras todo lo que te proponer, en otras palabras no hay que dejar que las cosas caigan del cielo, las acciones son las que mueven la montaña ;)

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